LA OTRA JUVENTUD: DE LA INSIGNIFICANCIA AL PODER 1A

$1.295

MUIÑO, OSCAR
LA OTRA JUVENTUD: DE LA INSIGNIFICANCIA AL PODER 1A
CORREGIDOR

Páginas: 592
Formato: 16*23
Precio: $ 1295.00
Peso: 0.6 kgs.
ISBN: 978-950-05-1948-9

El cambio latía en una juventud que vislumbraba la revolución. La lucha armada no era la única corriente de la rebelión. Hubo otra práctica de marchas y movilizaciones que construyó organismos de masas y desparramó conciencia popular. Pero no tomó las armas. Prefirió las urnas, ratificando que el poder no debía nacer de la boca del fusil, sino afianzarse en la voluntad general de los ciudadanos. El derecho de El Otro a su propia existencia. Es la historia de La Otra Juventud. Cuando fundamos la Coordinadora había radicales proclives a una alianza con el peronismo. Algunos que planteaban una especie de alianza de izquierda. Otros tenían la consigna Ni golpe ni elección / revolución. Y otros que planteábamos elecciones libres sin proscripciones ni condicionamientos (Moreau) Para el cordobazo se planificó la salida del SMATA de Renault, el paro de UTA, la salida de los muchachos de Fiat y nosotros desde las universidades. 48 horas antes se planificó todo. Nos juntamos Tosco, Atilio López, Elpidio Torres, los de SITRAC-SITRAM y la conducción universitaria (Becerra). Imaginarse la constitución de un ejército popular que pudiera derrotar militarmente a Fuerzas Armadas profesionales era imposible en la Argentina (Nosiglia). Kunkel ya era así. Prepotente. Vos te callás. Vos hablás. Vos no podés hablar porque yo no quiero. Lo parábamos a fuerza de garrotazos (Storani). Yo me encargué también de armar algo que nunca que se conoció y nunca se supo. Grupos de autodefensa. Nadie lo sabe. Salvo los que participaron en eso (Cáceres). Siempre buscamos vidas paralelas en el peronismo, pero siempre tuvimos mala suerte con nuestros interlocutores. Desde la Resistencia Peronista hasta el grupo FEN-Guardia de Hierro y el grupo JP-FAR-Montoneros (Stubrin). Teníamos una relación con Alfonsín de igual a igual. Antes nos sentíamos más que Alfonsín. Y con el tiempo fuimos mucho menos que Alfonsín (Lafferrière).